Vuelvo a escribir, con la intención de que este post no se convierta en uno aislado, “representante anual” de balance y comienzo de curso, como los anteriores.
Tengo más ganas de volver al blog. Puede que tenga la sensación de que tendré más cosas sobre las que escribir, aunque hubo un tiempo en el que no me daba la sensación de necesitar experiencias específicas para hacerlo. Lo que veo claro si reviso mi manera de relacionarme con el blog es que lo he ido utilizando cuando le he visto sentido y cuando me ha apetecido. Creo que nunca escribí “de manera forzada”, ni cuando empecé a utilizar el blog en relación a una asignatura concreta en la Licenciatura de Psicopedagogía, ni cuando continué escribiendo sobre aquello que me resultaba de interés, trascendiendo los límites de la universidad. Y es ahí donde estaba, para mí, la clave.
Últimamente pienso mucho sobre las clases de Psicología del Desarrollo que he empezado a dar en el Grado de Magisterio de Primaria (y esta tarde comenzaré, junto a David, la asignatura de Aprendizaje y Desarrollo de la Personalidad, en el Máster de Formación del Profesorado). Pienso antes de ir a las clases, pienso después de las clases, pienso en diferentes momentos de la semana y a veces me sorprendo pensando durante las sesiones (aunque eso me resulta complejo). También escribo sobre las reflexiones o ideas que tengo en relación a la asignatura, o reflexiono mientras escribo, o ambas cosas.
Y con todo esto me he dado cuenta de que vuelvo a sentir un runrún parecido al que sentía cuando en Psicología de la Infancia y la Adolescencia, hace ya cinco años, salía de una clase, leía un texto o me cazaba pensando acerca de algo que habíamos trabajado. Entonces iba al blog.
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