lunes, 23 de febrero de 2015

Puro teatro - Acto III


Ella: Había estado años haciendo cosas sin planteármelas.

Él: (adormilado) Mmm… ¿cómo dices?

Ella: Me refiero a Psicopedagogía.

Él: ¿Qué?

Ella: A cuando entré en Psicopedagogía. ¿Te acuerdas de lo que hablábamos el otro día sobre escribir…? ¿De mi verano previo a comenzar la universidad, a comenzar Magisterio…?

Él: Mmm… sutil elipsis la tuya… Ok, estoy.

Ella: En Psicopedagogía volví a escribir.

Él: ¿Habías estado sin escribir desde el cuento del mago aquel…?

Ella: No, hombre, no. Había escrito muchísimo: resúmenes, trabajos, exámenes… 

Él: Ah, eso.

Ella: Sí, eso. Creo que en Psicopedagogía empecé a tener ganas de escribir de nuevo, de escribir no como respuesta a la petición de un profesor, de escribir no sobre un tema que me proponían, sino de escribir sobre lo que quería, sobre lo que me interesaba, sin pautas, sin límites, con dudas, de manera ingenua.

Él: ¿Y cómo fue…?

Ella: Fue… genial. Creo que el contexto me ayudó mucho. En alguna asignatura se nos animaba a hacernos preguntas, a pensar sobre ellas, a compartirlas con otros. Se nos daba espacio para tomar decisiones, para elegir qué y cómo hacíamos lo que hacíamos, también para comenzar a pensar en nuestros porqués, aunque eso pudiera emerger o no.

Él: Vaya…

Ella: Para mí eso era bastante nuevo, después de tres años en Magisterio conociendo a profesores bastante similares, de clases y propuestas bastante similares. Yo había estado bien allí, no te creas. Me iba bien. Sacaba muy buenas notas, compaginaba estudio con trabajo y me imagino que no tenía tiempo ni inquietudes suficientes como para preguntarme sobre el sentido de todo aquello en lo que estaba inmersa. En realidad… creo que tenía la engañosa sensación de que estaba haciendo, y de que se me estaba proponiendo, todo lo necesario para ser una buena maestra.

Él: ¿Te sentías preparada para ser maestra…?

Ella: Bueno, no del todo, asumía que aprendería mucho más en la práctica, como pasó cuando hice los dos prácticums en colegios, o como me pasaba en mi trabajo con niños por las tardes y los fines de semana. Sin embargo, daba por hecho que lo que estaba haciendo en la carrera era relevante para lo que yo haría en un aula, aunque no tuviera ninguna evidencia de ello

Él: ¿Y no lo era? ¿No era relevante…?

Ella: Pues desde el ahora… me doy cuenta de que no.

Él: ¿No?

Ella: Mira, si pienso en mis años de Magisterio me vienen como flashes… Yo en clase, sentada, con unas cuantas filas de cabezas ante mí, y de frente, un profesor o una profesora diciendo algo: en el mejor de los casos hablaba sabiendo que había alguien frente a él, en el peor de los casos leía los párrafos de un libro escrito por él mismo. Un armario de mi casa lleno de carpetas con apuntes, de tochos de leyes educativas impresas, pero también de algún trabajo que requirió de algo de creatividad. Algún examen en el aula magna, con la gente de los nervios. 

Él: ¿Y eso es todo?

Ella: Bueno, también me vienen imágenes en la cafetería, celebrando cumpleaños, tardes haciendo trabajos con mis compañeros, viajes de fin de semana, fiestas… Una parte también importante de la universidad.

Él: (sonriendo) Claro, claro, la de socializarse en un nuevo contexto.

Ella: (sonriendo también) Sí, es más importante de lo que parece, y supongo que es algo que ni se considera por parte de muchos profesores, o de los que legislan. Llegar a la universidad implica un cambio a varios niveles, y el nuevo contexto lleva consigo la posibilidad de generar nuevas relaciones. En un momento evolutivo que suele llevar consigo una manera específica de entender las relaciones puede que comiencen a hacerse ciertas demandas que… 

(Silencio)

Ella: Bueno, ese ya es otro tema…

Él: Me hablabas de escribir, y de Psicopedagogía…

Ella: Sí, de un tiempo en el que por primera vez empecé a ser crítica con la manera en que yo había tenido de aprender a lo largo de mi vida estudiantil, con la manera en la que se me había propuesto hacerlo. Empecé a ser más consciente de qué se solía valorarse desde el contexto educativo y me daba cuenta de que como yo me había adaptado bien a esas demandas nada había llamado mi atención o la de mi familia. ¿Qué pasaba con aquellos que no se adaptaban?  ¿Cómo se interpretaba esa no adaptación? ¿Qué respuestas se daba a ello? Pero más importante aún: eso que se premiaba… ¿Qué era? ¿A dónde conducía? ¿Qué conexión tenía con eso que  muchos se empeñaban en llamar aprendizaje? ¿Qué era eso de aprender en realidad? Como imaginarás, esas preguntas que me empezaba a hacer desde mi perspectiva de alumna eran también importantes a la hora de comenzar a verme como futura profesora…

(Oscuridad)

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