Ella: Había estado años haciendo cosas sin planteármelas.
Ella: Me refiero a
Psicopedagogía.
Él: ¿Qué?
Ella: A cuando entré en
Psicopedagogía. ¿Te acuerdas de lo que hablábamos el otro día sobre escribir…?
¿De mi verano previo a comenzar la universidad, a comenzar Magisterio…?
Él: Mmm… sutil elipsis la tuya… Ok, estoy.
Ella: En Psicopedagogía volví a
escribir.
Él: ¿Habías estado sin escribir
desde el cuento del mago aquel…?
Ella: No, hombre, no. Había
escrito muchísimo: resúmenes, trabajos, exámenes…
Él: Ah, eso.
Ella: Sí, eso. Creo que en
Psicopedagogía empecé a tener ganas de escribir de nuevo, de escribir no como
respuesta a la petición de un profesor, de escribir no sobre un tema que me
proponían, sino de escribir sobre lo que quería, sobre lo que me interesaba,
sin pautas, sin límites, con dudas, de manera ingenua.
Él: ¿Y cómo fue…?
Ella: Fue… genial. Creo que el
contexto me ayudó mucho. En alguna asignatura se nos animaba a hacernos
preguntas, a pensar sobre ellas, a compartirlas con otros. Se nos daba espacio
para tomar decisiones, para elegir qué y cómo hacíamos lo que hacíamos, también
para comenzar a pensar en nuestros porqués, aunque eso pudiera emerger o no.
Él: Vaya…
Ella: Para mí eso era bastante nuevo,
después de tres años en Magisterio conociendo a profesores bastante similares,
de clases y propuestas bastante similares. Yo había estado bien allí, no te
creas. Me iba bien. Sacaba muy buenas notas, compaginaba estudio con trabajo y
me imagino que no tenía tiempo ni inquietudes suficientes como para preguntarme
sobre el sentido de todo aquello en lo que estaba inmersa. En realidad… creo
que tenía la engañosa sensación de que estaba haciendo, y de que se me estaba
proponiendo, todo lo necesario para ser una buena maestra.
Él: ¿Te sentías preparada para
ser maestra…?
Ella: Bueno, no del todo, asumía
que aprendería mucho más en la práctica, como pasó cuando hice los dos
prácticums en colegios, o como me pasaba en mi trabajo con niños por las tardes
y los fines de semana. Sin embargo, daba por hecho que lo que estaba haciendo en
la carrera era relevante para lo que yo haría en un aula, aunque no tuviera
ninguna evidencia de ello
Él: ¿Y no lo era? ¿No era
relevante…?
Ella: Pues desde el ahora… me doy
cuenta de que no.
Él: ¿No?
Ella: Mira, si pienso en mis años
de Magisterio me vienen como flashes… Yo en clase, sentada, con unas cuantas
filas de cabezas ante mí, y de frente, un profesor o una profesora diciendo
algo: en el mejor de los casos hablaba sabiendo que había alguien frente a él,
en el peor de los casos leía los párrafos de un libro escrito por él mismo. Un
armario de mi casa lleno de carpetas con apuntes, de tochos de leyes educativas
impresas, pero también de algún trabajo que requirió de algo de creatividad.
Algún examen en el aula magna, con la gente de los nervios.
Él: ¿Y eso es todo?
Ella: Bueno, también me vienen
imágenes en la cafetería, celebrando cumpleaños, tardes haciendo trabajos con
mis compañeros, viajes de fin de semana, fiestas… Una parte también importante
de la universidad.
Él: (sonriendo) Claro, claro, la
de socializarse en un nuevo contexto.
Ella: (sonriendo también) Sí, es
más importante de lo que parece, y supongo que es algo que ni se considera por
parte de muchos profesores, o de los que legislan. Llegar a la universidad
implica un cambio a varios niveles, y el nuevo contexto lleva consigo la
posibilidad de generar nuevas relaciones. En un momento evolutivo que suele
llevar consigo una manera específica de entender las relaciones puede que
comiencen a hacerse ciertas demandas que…
(Silencio)
Ella: Bueno, ese ya es otro tema…
Él: Me hablabas de escribir, y de
Psicopedagogía…
Ella: Sí, de un tiempo en el que
por primera vez empecé a ser crítica con la manera en que yo había tenido de
aprender a lo largo de mi vida estudiantil, con la manera en la que se me había
propuesto hacerlo. Empecé a ser más consciente de qué se solía valorarse desde
el contexto educativo y me daba cuenta de que como yo me había adaptado bien a
esas demandas nada había llamado mi atención o la de mi familia. ¿Qué pasaba
con aquellos que no se adaptaban? ¿Cómo
se interpretaba esa no adaptación? ¿Qué respuestas se daba a ello? Pero más
importante aún: eso que se premiaba… ¿Qué era? ¿A dónde conducía? ¿Qué conexión
tenía con eso que muchos se empeñaban en
llamar aprendizaje? ¿Qué era eso de aprender en realidad? Como imaginarás, esas
preguntas que me empezaba a hacer desde mi perspectiva de alumna eran también
importantes a la hora de comenzar a verme como futura profesora…
(Oscuridad)
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